Discurso de Javier Milei en Davos Resalta el Peligro del Socialismo y Defiende el Capitalismo ūüĆź

En su primera ponencia internacional en el Foro de Davos, el presidente argentino Javier Milei alerta sobre los riesgos del socialismo y defiende firmemente el capitalismo como camino hacia la prosperidad.

Desarrollo: El presidente argentino, Javier Milei, en su debut internacional en el Foro Económico de Davos, presentó un discurso enfocado en la defensa del capitalismo y en la advertencia sobre los peligros del socialismo. En su alocución, destacó que Occidente está en peligro debido a la adopción de políticas socialistas, que calificó como empobrecedoras y fracasadas. Milei subrayó que el Estado no es la solución a los problemas actuales, sino el problema en sí mismo.

Durante su intervenci√≥n, Milei se reuni√≥ con Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, y otros funcionarios argentinos. Su discurso hizo √©nfasis en el impacto positivo del capitalismo de libre empresa en la historia econ√≥mica mundial. Cit√≥ el crecimiento exponencial del PIB per c√°pita desde el siglo XIX y defendi√≥ la moralidad y eficacia del sistema capitalista. Asimismo, critic√≥ el concepto de ¬ęjusticia social¬Ľ, argumentando que es intr√≠nsecamente violento y contraproducente.

Milei tambi√©n se refiri√≥ a la igualdad de g√©nero y al ambientalismo, describi√©ndolos como conflictos planteados por socialistas para justificar la intervenci√≥n estatal. En un mensaje directo a los empresarios presentes, los inst√≥ a no ceder ante la presi√≥n pol√≠tica, calific√°ndolos de ¬ęh√©roes¬Ľ y ¬ębenefactores sociales¬Ľ.

El presidente concluyó su discurso con un llamado a la libertad y una alianza con empresarios en la lucha contra el avance del Estado y la promoción de la libertad económica.

Javier Milei, en el Foro de Davos, advierte sobre el riesgo del socialismo y defiende el capitalismo como solución para superar la pobreza y el hambre a nivel mundial.

Discurso completo:

El discurso completo de Javier Milei en el Foro de Davos

La conferencia completa de Javier Milei En Davos

Buenas tardes. Muchas gracias.

Hoy estoy acá para decirles que occidente está en peligro. Está en peligro porque aquellos que supuestamente deben defender los valores de occidente se encuentran cooptados por una visión del mundo que inexorablemente conduce al socialismo y, en consecuencia, a la pobreza.

Lamentablemente, en las ultimas décadas, motivados algunos por el deseo bien pensante de querer ayudar al prójimo y otros por el deseo de pertenecer a una casta privilegiada, los principales líderes del mundo occidental han abandonado el modelo de la libertad por distintas versiones de lo que nosotros llamamos colectivismo.

Nosotros estamos acá para decirles que los experimentos colectivistas nunca son la solución a los problemas que aquejan a los ciudadanos del mundo sino que, por el contrario, son su causa.

Créanme, nadie mejor que nosotros los argentinos para dar testimonio de estas dos cuestiones.

Cuando adoptamos el modelo de la libertad, all√° por el a√Īo 1860, en 35 a√Īos nos convertimos en la primera potencia mundial. Mientras que cuando abrazamos el colectivismo, a lo largo de los √ļltimos cien a√Īos, vimos como nuestros ciudadanos comenzaron a empobrecerse sistem√°ticamente hasta caer al puesto n√ļmero 140 del mundo.

Pero antes de poder dar esta discusi√≥n, ser√≠a importante que primero vi√©ramos los datos que sustentan por qu√© el capitalismo de libre empresa no solo es el √ļnico sistema posible para terminar con la pobreza del mundo, sino que es el √ļnico sistema moralmente deseable para lograrlo.

Si consideramos la historia del progreso econ√≥mico podemos ver c√≥mo desde el a√Īo 0 hasta el a√Īo 1800 aproximadamente, el PBI per c√°pita del mundo pr√°cticamente se mantuvo constante durante todo el periodo de referencia.

Si uno mira un gráfico de la evolución del crecimiento económico a lo largo de la historia de la humanidad uno estaría viendo un gráfico con la forma de un palo de hockey: una función exponencial que se mantuvo constante durante el 90% del tiempo y se dispara exponencialmente a partir del siglo 19.

La √ļnica excepci√≥n a esta historia de estancamiento se dio a finales del siglo 15 con el descubrimiento de am√©rica.

Pero salvando esta excepci√≥n, a lo largo de todo el periodo entre el a√Īo cero y el a√Īo 1800 el PBI per c√°pita a nivel global se mantuvo estancado.

Ahora bien, no sólo que el capitalismo generó una explosión de riqueza desde el momento que se adoptó como sistema económico sino que, si uno analiza los datos, lo que se observa es que ese crecimiento se viene acelerando a lo largo de todo el período.

Durante todo el periodo comprendido entre el a√Īo cero y el 1800 la tasa de crecimiento del PBI per c√°pita se mantuvo estable en 0,02%. Es decir, pr√°cticamente sin crecimiento.

A partir del siglo 19 con la revoluci√≥n industrial la tasa de crecimiento pasa al 0,66% anual compuesto. A ese ritmo, para duplicar el PBI per c√°pita se necesitar√≠an cerca de 107 a√Īos.

Ahora bien, si observamos el periodo entre 1900 y 1950 la tasa de crecimiento acelera al 1,66% anual compuesto. Ya no necesit√°bamos 107 a√Īos para duplicar el PBI, sino 66.

Y si tomamos el periodo comprendido entre 1950 y el a√Īo 2000 vemos que la tasa de crecimiento fue de 2,1% anual compuesto, lo que derivar√≠a en que en solo 33 a√Īos podr√≠amos duplicar el PBI per c√°pita del mundo.

Esta tendencia, lejos de detenerse, se mantiene viva a√ļn hoy. Si tomamos el periodo entre el a√Īo 2000 y el 2023, la tasa de crecimiento volvi√≥ a acelerar al 3% anual. Lo que implicar√≠a que podr√≠amos duplicar nuestro PBI per c√°pita en tan s√≥lo 23 a√Īos.

Ahora bien, cuando se estudia el PBI per c√°pita desde el a√Īo 1800 al d√≠a de hoy, lo que se observa es que luego de la revoluci√≥n industrial el PBI per c√°pita mundial se multiplic√≥ por 9 veces, generando una explosi√≥n de riqueza que sac√≥ de la pobreza al 90% de la poblaci√≥n mundial.

No debemos olvidar nunca que para el a√Īo 1810 cerca del 95% de la poblaci√≥n mundial viv√≠a en la pobreza m√°s extrema, mientras que ese n√ļmero cay√≥ al 5% para el a√Īo 2020 previo a la pandemia.

La conclusi√≥n es obvia: lejos de ser la causa de nuestros problemas, el capitalismo de libre empresa como sistema econ√≥mico es la √ļnica herramienta que tenemos para terminar con el hambre, la pobreza y la indigencia a lo largo y a lo ancho del planeta.

La evidencia empírica es incuestionable.

Por eso, como no cabe duda de que el capitalismo de libre mercado es superior en t√©rminos productivos, la doxa de izquierda ha atacado al capitalismo por cuestiones de moralidad, por ser, seg√ļn dicen sus detractores, injusto.

Dicen que el capitalismo es malo porque es individualista y que el colectivismo es bueno porque es altruista, y en consecuencia bregan por la ‚Äújusticia social‚ÄĚ.

Pero este concepto que en el primer mundo se ha puesto de moda en la √ļltima d√©cada, en mi pa√≠s es una constante del discurso pol√≠tico desde hace m√°s de 80 a√Īos.

El problema es que la justicia social no sólo no es justa, sino que tampoco aporta al bienestar general.

Muy por el contrario, es una idea intr√≠nsecamente injusta, porque es violenta. Es injusta porque el estado se financia a trav√©s de impuestos y los impuestos se cobran de manera coactiva ¬Ņo acaso alguno de nosotros puede elegir no pagar impuestos? Lo cual significa que el Estado se financia a trav√©s de la coacci√≥n, y que, a mayor carga impositiva, mayor es la coacci√≥n.

Los aportes de Hayek e Israel Kirzner también demuestran la superioridad moral del capitalismo.

Quienes promueven la justicia social parten de la idea de que el conjunto de la economía es una torta que se puede repartir de una manera distinta. Pero esa torta no está dada, es riqueza que se va generando en lo que Kirchner llama un proceso de descubrimiento.

Si el bien o servicio que ofrece una empresa no es deseado, esa empresa quiebra a menos que se adec√ļe a lo que el mercado le est√° demandando.

Si genera un producto de buena calidad a un precio atractivo le va a ir bien y va a producir m√°s. De modo que el mercado es un proceso de descubrimiento en el cual el capitalista encuentra sobre la marcha el rumbo correcto.

Pero si el estado castiga al capitalista por tener √©xito y lo bloquea en este proceso de descubrimiento, destruye sus incentivos, y la consecuencia de ello es que va a producir menos y la ‚Äútorta‚ÄĚ ser√° m√°s chica, generando un perjuicio para el conjunto de la sociedad.

El colectivismo, al inhibir estos procesos de descubrimiento y al dificultar la apropiación de lo descubierto, ata al emprendedor de las manos y le imposibilita producir mejores bienes y ofrecer mejores servicios a un mejor precio.

Por √ļltimo, y no por ello menos importante, el capitalismo es virtuoso porque promueve la paz. ‚Äúdonde entra el comercio no entran las balas‚ÄĚ dec√≠a Bastiat. O como dec√≠a el propio Milton Friedman: ‚Äúyo puedo odiarlo a mi vecino, pero si no compra mi producto voy a la quiebra‚ÄĚ.

¬ŅC√≥mo puede ser entonces que, desde la academia, los organismos internacionales, la pol√≠tica y la teor√≠a econ√≥mica se demonice un sistema econ√≥mico que no s√≥lo ha sacado de la pobreza m√°s extrema al 90% de la poblaci√≥n mundial, y lo hace cada vez m√°s r√°pido, sino que adem√°s es justo y moralmente superior?

Gracias al capitalismo de libre empresa hoy el mundo se encuentra en su mejor momento. No hubo nunca, en toda la historia de la humanidad, un momento de mayor prosperidad que el que vivimos hoy.

El mundo de hoy es más libre, más rico, más pacífico y más próspero que en cualquier otro momento de nuestra historia.

Esto es cierto para todos, pero es particularmente cierto para aquellos países que son más libres, donde respetan la libertad económica y los derechos de propiedad de los individuos.

Porque aquellos países que son más libres son 8 veces más ricos que los reprimidos, el decir más bajo de la distribución de los países libres vive mejor que el 90% de la población de los países reprimidos, tienen 25 veces menos cantidad de pobres en el formato estándar, y 50 veces menos en el formato extremo, y por si eso fuera poco, los ciudadanos de los países libres viven un 25% más que los ciudadanos de los países reprimidos.

Ahora bien, para entender qué venimos a defender, es importante definir de qué hablamos nosotros cuando hablamos de libertarismo.

Para definirlo retomo las palabras del máximo prócer de la libertad de nuestro país, Alberto Benegas Lynch (h) que dice que:

‚ÄúEl libertarismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del pr√≥jimo, basado en el principio de no agresi√≥n, en defensa de la vida, la libertad y la propiedad de los individuos. Cuyas instituciones fundamentales son la propiedad privada, los mercados libres de intervenci√≥n estatal, la libre competencia, la divisi√≥n del trabajo y la cooperaci√≥n social. Donde solo se puede ser exitoso sirviendo al pr√≥jimo con bienes de mejor calidad o mejor precio‚ÄĚ.

Dicho de otro modo, el capitalista es un benefactor social que, lejos de apropiarse de la riqueza ajena, contribuye al bienestar general.

Este es el modelo que nosotros estamos proponiendo para la argentina del futuro. Un modelo basado en los principios fundamentales del libertarismo: la defensa de la vida, de la libertad y de la propiedad.

Ahora bien, si el capitalismo de libre empresa y la libertad econ√≥mica han sido herramientas extraordinarias para terminar con la pobreza en el mundo; y nos encontramos hoy en el mejor momento de la historia de la humanidad, ¬Ņpor qu√© digo entonces que occidente est√° en peligro?

Digo que occidente está en peligro justamente porque en aquellos países que debiéramos defender los valores del libre mercado, la propiedad privada, y las demás instituciones del libertarismo, sectores del establishment político y económico, algunos por errores en su marco teórico y otros por ambición de poder, están socavando los fundamentos del libertarismo, abriéndole las puertas al socialismo y condenándonos potencialmente a la pobreza, a la miseria y al estancamiento.

Porque nunca debe olvidarse que el socialismo es siempre y en todo lugar un fenómeno empobrecedor que fracasó en todos los países que se intentó.

Fue un fracaso en lo económico. Fue un fracaso en lo social. Fue un fracaso en lo cultural. Y además se cargó la vida de 150 millones de seres humanos.

El problema esencial de occidente hoy es que no sólo debemos enfrentarnos a quienes, aun luego de la caída del muro y la evidencia empírica abrumadora, siguen bregando por el socialismo empobrecedor; sino también a nuestros propios líderes, pensadores y

académicos que, amparados en un marco teórico equivocado, socavan los fundamentos del sistema que nos ha dado la mayor expansión de riqueza y prosperidad de nuestra historia.

El marco te√≥rico al que me refiero es el de la teor√≠a econ√≥mica neocl√°sica, que dise√Īa un instrumental que, sin quererlo, termina siendo funcional a la intromisi√≥n del estado, el s o c i a l i s m o, y la degradaci√≥n de la sociedad.

El problema de los neocl√°sicos es que como el modelo del que se enamoraron no mapea contra la realidad, atribuyen el error a supuestos fallos del mercado en vez de revisar las premisas de su modelo.

So pretexto de un supuesto fallo de mercado se introducen regulaciones que lo √ļnico que generan es distorsiones en el sistema de precios, que impiden el c√°lculo econ√≥mico, y en consecuencia el ahorro y la inversi√≥n.

Este problema radica esencialmente en que ni siquiera los economistas supuestamente liberales comprenden qué es el mercado, ya que si se comprendiera se vería rápidamente que es imposible que exista algo así como fallos del mercado.

El mercado no es una curva de oferta y demanda en un gráfico. El mercado es un mecanismo de cooperación social donde se intercambian voluntariamente derechos de propiedad. Dada esa definición, el fallo del mercado es un oxímoron.

Si las transacciones son voluntarias, el √ļnico contexto en el que puede haber un fallo de mercado es si hay coacci√≥n. Y el √ļnico con la capacidad de coaccionar de manera generalizada es el Estado que tiene el monopolio de la violencia.

En consecuencia, si alguien considera que hay un fallo de mercado, les recomendaría que revisen si hay intervención estatal en el medio. Y si encuentran que no, sugeriría que revisen de nuevo porque evidentemente se han equivocado.

Un ejemplo de los supuestos fallos del mercado que describen los neocl√°sicos son las estructuras concentradas de la econom√≠a. Sin embargo, es precisamente la acumulaci√≥n de capital lo que explica el crecimiento exponencial del PBI global en los √ļltimos 200 a√Īos.

Porque es la acumulación de capital y la división del trabajo lo que permite aumentar la productividad y obtener rendimientos crecientes a escala.

Recordemos el ejemplo de Adam Smith: alguien que se propusiera fabricar alfileres en soledad, aun siendo un experto en ello, solo podría producir 20 unidades por día.

Sin embargo, al incorporar 15 empleados coordinados con división del trabajo, la producción en términos per cápita aumenta. Y no aumenta a 300 alfileres por empleado sino a 5000. Es decir, no aumenta de manera lineal sino exponencial.

Sin funciones de rendimientos crecientes a escala, cuya contracara son las estructuras concentradas de la econom√≠a, no podr√≠amos explicar el crecimiento econ√≥mico desde el a√Īo 1800 hasta hoy.

Otros presuntos fallos de mercado que para los economistas neo-cl√°sicos terminan justificando la intervenci√≥n del estado en la econom√≠a son los bienes p√ļblicos, las externalidades negativas, la informaci√≥n asim√©trica y los fallos de coordinaci√≥n.

El dilema que enfrenta el modelo neo-clásico es que dicen querer perfeccionar el funcionamiento del mercado atacando lo que ellos consideran fallos, pero al hacerlo no sólo le abren las puertas al socialismo, sino que atentan contra el crecimiento económico.

Dicho de otro modo, cada vez que ustedes quieran hacer una corrección de un supuesto fallo de mercado, inexorablemente, por desconocer lo que es el mercado o por haberse enamorado de un modelo fallido, le están abriendo las puertas al socialismo y están condenando a la gente a la pobreza.

Sin embargo, frente a la demostración teórica de que la intervención del estado es perjudicial, y la evidencia empírica de que fracasó Рporque no podía ser de otra manera- la solución que propondrán los colectivistas no es mayor libertad, sino que es mayor regulación, generando una espiral descendiente de regulaciones hasta que todos seamos más pobres, y la vida de todos nosotros dependa de un burócrata sentado en una oficina de lujo.

Dado el estrepitoso fracaso de los modelos colectivistas y los innegables avances del mundo libre, los socialistas se vieron forzados a cambiar su agenda. Dejaron atrás la lucha de clases basada en el sistema económico para reemplazarla por otros supuestos conflictos sociales igual de nocivos para la vida en comunidad y para el crecimiento económico.

La primera de estas nuevas batallas fue la pelea ridícula y anti natural entre el hombre y la mujer.

El libertarismo ya establece la igualdad entre los sexos. La piedra fundacional de nuestro credo dice que todos los hombres somos creados iguales, que todos tenemos los mismos derechos inalienables otorgados por el creador, entre los que se encuentran la vida, la libertad y la propiedad.

En lo √ļnico que devino esta agenda del feminismo radical es en mayor intervenci√≥n del estado para entorpecer el proceso econ√≥mico, darles trabajo a bur√≥cratas que no le aportan nada a la sociedad, sea en formato de ministerios de la mujer u organismos internacionales dedicados a promover esta agenda.

Otro de los conflictos que los socialistas plantean es el del hombre contra la naturaleza. Sostienen que los seres humanos da√Īamos el planeta y que debe ser protegido a toda costa, incluso llegando a abogar por mecanismos de control poblacional o la tragedia del aborto.

Lo más cruel de la agenda ambiental es que los países ricos, que se hicieron ricos explotando legítimamente sus recursos naturales, ahora pretenden expiar sus culpas castigando a los países más pobres e impidiéndoles desarrollar sus economías por un presunto crimen que no cometieron.

Lamentablemente, estas ideas nocivas han pregonado fuertemente en nuestra sociedad. Los neo-marxistas han sabido cooptar el sentido com√ļn de occidente. Lograron esto gracias a la apropiaci√≥n de los medios, de la cultura, de las universidades y si, tambi√©n, de los organismos internacionales.

Este √ļltimo caso es el m√°s grave tal vez, porque se trata de instituciones que tienen enorme influencia en las decisiones pol√≠ticas y econ√≥micas de los pa√≠ses que integran esos organismos multilaterales.

Por suerte, somos cada vez m√°s los que nos atrevemos a levantar la voz. Porque vemos que, si no combatimos frontalmente estas ideas, el √ļnico destino posible es que cada vez vamos a tener m√°s estado, m√°s regulaci√≥n, m√°s socialismo, m√°s pobreza, menos libertad, y, en consecuencia, peor nivel de vida.

Occidente, lamentablemente, ya comenz√≥ a transitar este camino. S√© que a muchos les puede sonar rid√≠culo plantear que occidente se ha volcado al socialismo. Pero s√≥lo es rid√≠culo en la medida que uno se restringe a la definici√≥n econ√≥mica tradicional del socialismo, que establece que es un sistema econ√≥mico donde el estado es el due√Īo de los medios de producci√≥n.

Esta definición debiera ser, para nosotros, actualizada a las circunstancias actuales. Hoy los estados no necesitan controlar directamente los medios de producción para controlar cada aspecto de la vida de los individuos.

Con herramientas como la emisi√≥n monetaria, el endeudamiento, los subsidios, el control de la tasa de inter√©s, los controles de precios y las regulaciones para corregir los supuestos ‚Äúfallos de mercado‚ÄĚ, pueden controlar los destinos de millones de seres humanos.

Así es como llegamos al punto en el que, con distintos nombres o formas, buena parte de las ofertas políticas generalmente aceptadas en la mayoría de los países de occidente son variantes colectivistas.

Ya sea que se declamen abiertamente comunistas, o socialistas, socialdemócratas, demócratas cristianos, neo keynesianos, progresistas, populistas, nacionalistas o globalistas.

En el fondo no hay diferencias sustantivas: todas sostienen que el estado debe dirigir todos los aspectos de la vida de los individuos. Todas defienden un modelo contrario al que llevó a la humanidad al progreso más espectacular de su historia.

Nosotros venimos hoy aquí a invitar a los demás países de occidente a que retomemos el camino de la prosperidad. La libertad económica, el gobierno limitado y el respeto irrestricto de la propiedad privada son elementos esenciales para el crecimiento económico.

Este fenómeno de empobrecimiento que produce el colectivismo no es una fantasía. Ni tampoco fatalismo. Es una realidad que los argentinos conocemos muy bien.

Porque ya lo vivimos. Ya pasamos por esto. Porque como dije antes, desde que decidimos abandonar el modelo de la libertad que nos había hecho ricos, estamos atrapados en una espiral descendente en donde cada día somos más pobres. Un país que a inicios del siglo XX era el país más rico del mundo, hoy tiene cerca del 50% de la población por debajo de la línea de la pobreza, y tiene 10% de indigentes, cuando argentina es un país que produce alimentos para 400 millones de seres humanos.

¬ŅA d√≥nde va todo ese alimento? La respuesta es que el estado se queda con el 70% de lo producido, es decir, el estado se queda con el alimento para 280 millones de personas, y, sin embargo, hay 5 millones de argentinos que no comen.

Ya lo vivimos nosotros. Y estamos ac√° para alertarlos acerca de lo que puede pasar si los pa√≠ses de occidente que se hicieron ricos con el modelo de la libertad, contin√ļan por este camino de servidumbre.

El caso argentino es la demostración empírica de que no importa cuán rico seas, cuantos recursos naturales tengas, no importa cuán capacitada esté la población, ni cuan educada sea, ni cuantos lingotes de oro haya en las arcas del banco central.

Si se adoptan medidas que entorpecen el libre funcionamiento de los mercados, la libre competencia, los sistemas de precios libres, si se entorpece el comercio, si se atenta contra la propiedad privada, el √ļnico destino posible es la pobreza.

En Argentina solemos decir que nuestro país siempre va a contramano del mundo.

Hoy nosotros estamos volviendo a abrazar, luego de cien a√Īos de penumbras, el modelo de la libertad.

Espero que esta vez, Argentina y el mundo recorramos juntos el camino de la prosperidad.

Para finalizar, quiero dejarles un mensaje a todos los empresarios aquí presentes y a los que nos están mirando desde todos los rincones del planeta.

No se dejen amedrentar.

No se entreguen a una clase pol√≠tica que lo √ļnico que quiere es perpetuarse en el poder.

Ustedes son benefactores sociales. Ustedes son héroes. Ustedes son los creadores del periodo de prosperidad más extraordinario que jamás hayamos vivido.

Que nadie les diga que su ambición es inmoral. Si ustedes ganan dinero es porque ofrecen un mejor producto a un mejor precio, contribuyendo de esa manera al bienestar general.

Ustedes son los verdaderos protagonistas de esta historia, y sepan que, a partir de hoy, cuentan con un aliado incalificable en la Rep√ļblica Argentina.

¬°Viva la Libertad carajo!

Muchas gracias.

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